Comentario a "Terror tras la postmodernidad" de F. Duque
Diana Laura Barrientos Guzmán
Dr. Arturo Aguirre
Filosofía Iberoamericana
25 de agosto de 2018
Comentario a “Terror tras la postmodernidad”
Duque se propone en un primer momento analizar la función social del arte desde el espectro global del terror y con mayor precisión del terrorismo. Entonces “podemos definir el terror (siempre en el plano artístico) como el sentimiento angustioso surgido de la combinación, inesperada y súbita, de lo sublime y lo siniestro, de una emoción o conmoción, de un movimiento en el que se difuminan las fronteras entre lo subjetivo y lo objetivo, entre el Yo y el Mundo.” Si la modernidad se vio al final de su vida empujada a cerrarse en un solipsismo, a concluir afirmativamente su mónada, el terror nos vino a despertar de dicha ensoñación. ¿Cómo fue esto posible?, El aparato de la razón se queda corto al intentar buscar causa y consecuencia en el terror global del que todos somos participes, porque el terror se enmascara como un sentimiento y la bien pulida razón no tiende a prestarle mucho interés a algo que no sea producto de sí misma, por lo tanto, el terror que pareciera ofrecese en estado puro, tal como si fuera un terror sagrado, y le es tan ajeno al mundo racional y geométrico.
Pero movámonos al marco temporal y preguntémonos ¿A qué época se ceñirá dicho análisis?, Duque delimita la edad contemporánea como “la única época que creyó de veras serlo y que, paradójica mente, […] ha dejado de ser nuestra época […] creyó reunir de veras en sí a todas las demás épocas, formando algo así como una laguna o pool de los tiempos, en donde todos ellos venían a remansarse y a juntar sus aguas.” Entendemos pues, que la ambición de la edad contemporánea fue el eclecticismo histórico, (cuando no encubriendo una ambición imperialista y unificante), acuñando de este modo la etiqueta de postmodernismo, pero este no es un movimiento nuevo, sino que había venido larvándose a partir de las revueltas de 1968, y que tuvo su punto culminante entre 1989 y 1991, con la caída del Muro de Berlín y la subsiguiente desaparición del denominado socialismo real y el descrédito del marxismo como movimiento insurgente y mesiánico de salvación. La característica por antonomasia de nuestra época es la tendencia a la unificación filosófica, política, artística y económica que generan los grandes bloques comerciales, y que de no participar a su favor, en automático estamos en su contra y nuestro destino es la inminente eliminación de todo autentico aspecto cultural en el almanaque de la historia universal. Somos hijos de la globalización.
Pese a las enormes diferencias (PIB, IDH, IPM) entre todos los países que conforman Occidente hay un hito que es más bien la herida profunda que marcó un punto de inflexión y que sin eclipse histórico alguno detono en el explosivo evento del 11-S en U.S.A. La histeria colectiva de Occidente creció como bola de nieve hasta tomar dimensiones estrambóticas, generando un panorama sin precedentes porque la humanidad si que ha participado de carnicerías internacionales pero estás tenia un objetivo claro de ataque, en cambio en el terrorismo el motor que lo impulsa es un odio generalizado hacia cualquier cosa que sea distinta de mí, de cierto modo el tiempo paso y queramos o no somos herederos de estos hechos los cuáles moldearon el rumbo del arte, la política y la ciencia del tiempo en que nos toca vivir. “El horror no puede ya obturar la inquietante presencia ubicua del terror.”
Al Qaeda logro su acometido, generó una crisis económica, médula del ser occidental, al perpetrador el terror se le aparece como un debido castigo del cielo contra la hybris de los cruzados de Occidente y sus podridos valores. ¿Se advierte hasta qué punto el fiel luchador del Islam está contaminado por la metafísica occidental? El Islam a pesar de su tradición de tolerancia ve que sus valores son preteridos por el avance de la american way of life, ahora que la economía y la tecnología tienen una extensión planetaria, Los Estados Unidos están aprovechando la psicosis desatada a nivel mundial para intervenir impunemente en cualquier territorio, violando así el principio vacío de la soberanía nacional, las autoridades americanas se aprovechan del carácter global del terrorismo para extender su poder y sus represalias con independencia de los intereses de los demás estados. Vivimos en fuego cruzado, y la filosofía desde su pedestal se ha encargado de pensar y repensar lo bélico en el ser humano pero no ha sido capaz de enunciar eso que tiene en común con el arte. Se le recrimina a los ejercicios artísticos volverse demasiado sociales, pero ¿De qué va tratar el artista cuando es evidente que la realidad fragmentada en la que vivimos pugna por ser evidenciada gente a las fuerzas opresoras que la normalizan?, el arte ha enmudecido ante el terror, si bien desde la trinchera del arte se puede combatir simbólicamente el aforme sentimiento de miedo y horror, pero no el terror desnudo, en cuanto cortocircuito de toda racionalidad, por compenetración de lo sublime y lo siniestro. Frente al terror tendremos que superar la sentencia que nos desarma; “Descendamos y confundamos su lengua, que no entienda el uno la lengua del otro.” Y a pesar del miedo, y la tentación circense, aprender de nuevo a buscarnos, a encontrarnos en el rostro herido del otro que es yo mismo.
Bibliografía
Duque,F. (2004).Terror tras la postmodernidad. Madrid: Abada (pp.7-107)
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