Proyecto de investigación: CONTRA LA VIOLENCIA ESTÉTICA
Diana Laura Barrientos Guzmán
Dr. Arturo Aguirre
Curso de Filosofía Iberoamericana
Proyecto de investigación
5 de noviembre de 2018
“La filosofía está en peligro”: Imaginación ética o resistencia estética
¿Qué ha ocurrido en la escena filosófica de habla hispana —si es que algo ha ocurrido— durante los ya casi cincuenta años, desde que Eduardo Nicol escribe hacia 1972 el epitafio del pensamiento filosófico?, Y más concretamente, ¿Qué ha pasado con la reflexión estética?, ¿Cuál es la labor que le toca asumir en nuestros tiempos y en nuestras condiciones?, o más bien, ¿Adónde ha sido relegada, tras “Los atentados artesanales y los bombardeos electrónicos de los que nos alerta Felix Duque? Pues éstos, han sido más eficaces que las consejas intelectuales para despertar a la gente de la filosofía y el arte del sueño de la postmodernidad. Si la filosofía presenta síntomas de extinción, la estética morirá haciéndole compañía.
Nicol señala que al considerar a la historia de la filosofía como un conjunto, veremos con cierta normalidad que de las crisis internas que ha padecido a lo de los siglos, surge en el mejor de los escenarios, una radical necesidad de repensarse a sí misma. Si ésto fuera entendido más allá de una explicación, y se comprendiera, más bien una causa efectiva, frente a la radical, e indubitable crisis de múltiples aristas, hace rato se hubiera ejecutado la operación que Nicol denomina reforma de la filosofía. Ahora bien, ¿qué es sobre lo cuál se ejerce tal reforma?, Nicol responde que de suyo la filosofía --cuando es se mantiene crítica-- pugna por refundarse. Pero este fundamento escribe Nicol “no suele hallarse en sus obras: está en el acto que las crea”. Si seguimos avant la letrre a Nicol, tal planteamiento por analogía serviría para refundar la reflexión estética, siempre y cuando se quiera pensar más allá de las categorías canónicas, y abandonar el adormecimiento dogmático que ésta padece desde hace ya algún tiempo.
Comencemos por cuestionar la valía sobre la existencia del arte después de los acontecimientos históricos a los que se circunscribe nuestra labor filosófica. La situación que salta a la vista, se formula como una demanda estética que denuncie el consecuente efecto de despolitización en el arte ante la emancipación y pretendida autonomía que alcanzó éste gracias a diversos factores confluyentes. Estética eximida de conciencia política, es mal Romanticismo. Pensemos pues, si el arte ha de existir, ¿No debería autovalidarse mediante su ser necesariamente crítico y su función socialmente negativa?. Desde otro ángulo de reflexión, de la misma cuestión, tenemos al espectador, es decir que cuando el receptor interpreta la obra emancipada de su función socialmente negativa, evidencia una actitud sintomática de fetichismo o extremo hedonismo, tal actitud pone de relieve un mundillo de arte enajenado y enajenante. La escuela de Frankfurt pensó contestatariamente a su tiempo, planteando mediante una escritura fragmentaria que refleja la realidad actual del arte, el desarrollo de una postura estética que hace explícita la renuncia a la participación a favor del poder positivo del Estado, y que pese a esto tampoco toma partido activamente con la izquierda revolucionaria socialista.
Ahora bien, parece que nuestra ruta se bifurca, bajo el primer camino habría que aceptar que la obra de arte se reduce a simple mercancía de consumo para un público que lo acepta y legitima dentro de una esfera cerrada sobre sí misma. Tales artífices producen dentro, por y para la misma esfera de consumismo que degluta y olvida su labor. El producto artístico se mercantiliza para satisfacer el muy manipulado gusto hegemónico que rige al actual panorama del mundillo de la compraventa de tales objetos. El segundo camino, sin duda más arduo, pero comprometido con su época, sugiere hacer frente a la innegable agresión estética, consecuencia de tiempos de vorágine belicosa. Esta reforma estética, tiene como primer momento reivindicarse y repensarse.
Un eco de esta posibilidad se deja escuchar en el pensador John Paul Lederach, quien aboga por una “imaginación moral”que supere modelos explicativos actuales, en pro del desarrollo conceptual que permita comprender realidades contingentes y emergentes. Escribe:
La imaginación moral requiere la capacidad de imaginarse a nosotros mismos en una red de relaciones, (…) Requiere la capacidad de abrazar a la complejidad sin perdernos en las divisiones sociales existentes, buscando algo más allá de lo visible, una “creatividad paradójica”. Requiere un compromiso de al acto creativo, a la creación de algo no esperado en el medio cultural actual, que probablemente retaría aspectos del estatus quo. Requiere la aceptación de los riesgos que acompañan necesariamente a cualquier intento de trascender la violencia.
Así la reflexión estética surge, no ya como una vía quimérica de salvación frente a la realidad, siempre compleja y cambiante, sino como la no complicidad para con los agentes hegemónicos de poder artístico, formando así un interminable juego dialéctico, una tensión simbiótica, y una postura de viva resistencia filosófica.
BIBLIOGRAFÍA
- Nicol, Eduardo, El porvenir de la filosofía. México: Fondo de Cultura Económica, 1972.
- Duque, Félix, Terror tras la postmodernidad. Abada Editores, 2004.
- Adorno, Th. W. Teoría estética, Trad. de Jorge Navarro Pérez, Ediciones Akal, Madrid, 2004
- Lederach, John Paul (2010), The Moral Imagination: The art and Soul of Building Pace, Oxford, Oxford University Press.
Comentarios
Publicar un comentario