Comentario, La ciudad. Huellas en el espacio habitado
Nosotros necesitamos de un espacio, requerimos hacer uso de
un espacio, en tanto que existimos. En varios casos es en las ciudades en donde
habitamos y en el mío vivo en un país colonizado el cual habría tenido la
aparición y el auge de múltiples ciudades en el marco de la cultura de no ser
por una apropiación extranjera de la tierra, esas ciudades que llegaron a
existir –porque las civilizaciones prehispánicas hacían uso de una estructura
orgánica de la arquitectura y formas de vida– fueron destruidas por necesidad
de imponer una nueva organización en el espacio. Así como la destrucción y
creación de nuevas formas de organizar el espacio, debieron de estar vinculadas
a la idea de espacio político, una organización para su buen funcionamiento;
donde se implantó el nuevo poder político, las antiguas formas de habitar el
espacio de la convivencia había sido suplantado, quedando rastros dispersos
sino es que inexistentes. Esta superposición de culturas, expresada en las
diversas formas de vida, experiencias, tradiciones lingüísticas y religiosas
hace difícil (si no es que imposible) responder a la pregunta sobre una
identidad, vamos a llamarla nacional.
La colonización de la nueva España hizo uso de una
estructura planeada para luego implantarla al territorio, un trazado previo,
una elaboración prioritaria de una forma esquemática. Los mitos que giran en
torno a la ciudad de puebla y su bello trazo son parte de la historia viva que
hace ilusión de un pasado romántico. “Los símbolos de la geometría inscrita en
las ciudades evidencian voluntades fuertes, signos de apropiación, en sus
figuras más duras y perfectas.” La ciudad en tanto es una estructura que afecta
al conjunto global de los intereses humanos, el cómo se ha dado y vivido ese
espacio afecta la forma de vida y el para qué de la vida de los que lo habitan.
Una ciudad organizada para la organización, explotación, segregación da como
resultado habitantes que se piensan de tal manera en relación con lo que
tienen.
En los espacios se juega una fuerza, que al mismo tiempo es
generadora y perturbadora y como se menciona explícitamente en el texto, una es
fuente de vitalidad y desarrollo así
como la otra es la irreparable semilla del odio. El único camino para
deshacer las emboscadas de la intolerancia generadas por el odio es el camino
del conocimiento, pero cómo éste puede ser posible, desentrañar esa
superposición de culturas, este entretejido complejo cultural de la región, me
da la intuición que de lo que trata es de una deconstrucción y como se dice
“desandar los pasos que cubren de superposiciones el mundo construido y el
espacio vivido y habitado”. Pero, ¿hay sólo un camino para desandar los pasos?
O, ¿el devenir de la historia no es único?
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