Comentario: Una última visión del paraíso
Comentario: Una última visión del paraíso
María Fernanda Soto Palma.
Materia: Filosofía Iberoamericana FFyL
Benemérita Universidad Autónoma de Puebla
1. Sobre las vanguardias europeas y un discurso importado.
Subirats nos habla de la antropofagia pero de ella hace dos
distinciones, la europea y la brasileña, si bien son distintas por su
originalidad, o su manera de abordaje yace una diferencia esencial, que tiene
que ver con los valores. La característica de la antropofagia europea está más
del lado de lo trivial y anodino, en cambio Oswald de Andrade representa una
antropofagia que da cuenta de una especificidad histórica y etnológica.
Son más las
contradicciones que tiene América con Europa que un propio vínculo. Y, si lo
hay lo encontramos en la ruptura colonizadora, con sus valores, con el
cristianismo, con la introducción de la culpa y el pecado. La antropofagia para
Oswal no trata de lo exótico por lo exótico mismo, tiene que ver con una
cosmovisión nada eurocentrista, con una relación histórica de los orígenes y
una demarcación de la deferencia. No hay en las importaciones de vanguardias
una relación cercana con lo que es, con lo real concreto que atañe a
Latinoamérica. El descubrimiento de Oswalde se lo descarta y deja en el
apéndice del arte moderno, como siempre pasa cuando se señala sin censura la
tragedia vivida por la colonización.
De esto deriva una
pregunta, una inquietud mía. ¿Qué tan cristianos somos? Somos cristianos,
alguno sí, pero también habitamos un lugar cuya historia se remonta a lo mágico
y místico de la relación con la naturaleza, con los cuerpos, con lo sagrado que
parece, a primera vista, relacionado con la vida más que con la muerte.
Pero también al
remontarnos en nuestra historia hay un cómo, y esto diría yo, tiene en la
actualidad tintes morales cristianos de culpa. Culpa por el otro diferente que
es eliminado, culpa con el indígena, el pobre, el minusválido del cual se
rememora su tragedia e historia excluida de una manera tal que pareciera, se le
tiene lástima. Por lo que se aboga a un mirarlo con tristeza y lástima en
vistas de reivindicarlos, ¿cómo? Educándolos, aparentando que son incluidos en
una sociedad que procede por culpa, por sentirse uno culpable de su condición.
No se trata de
quién tenga la culpa, no se trata de una manera de proceder con una moral de
decadencia; con una moral que poco tiene que ver con un restituir la fuerza de
lo que se es, afirmarse a(sí), con toda una historia de tragedia y horror afirmarse
dentro del sufrimiento. Sólo de esta manera uno puede hacerse de sí y tomar
rumbo. No ocultando y aparentando de manera ficticia una originalidad cultural
que pertenece al mercado. ¿Podemos hablar de nuestra historia sin tener culpa
de lo que somos nosotros mismos?
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