Comentario sobre Entrada en la Barbarie, tiempos de resistencia. Fer Soto
“Nunca se está tan
cerca de la tiranía como en los momentos de crisis.” Es esta frase con la que
comienzo para pensar que en momentos de crisis se puede avecinar una hecatombe,
y es que, la pregunta latente en nuestros días es: ¿qué hacer? Pero antes de
ello para todo hacer se precede un pensamiento que lo guíe y esa es la tarea
actual. Pensar, así sin más, la realidad puesta ante nuestros ojos. Y ante ello
cuál es la vía de pensamiento para poder esclarecer, como un destello de luz en
la oscuridad, lo que viene y lo que está. Podemos pensarlo desde las distintas
vías, ecología, feminismo, proyectos de paz, solidaridad voluntaria,
desposeídos y migrantes entre otras muchas otras vías. Pero ante tantas vías
pareciera que el conflicto es mucho más grande, cómo amarrar o enlazar todos
ellos en un solo proyecto ¿es esto posible?
Ante ello surge la duda
si es que, el proyecto de la modernidad ha sido inacabado, es decir vivimos
tiempos modernos (o posmodernos) sin razón. La razón actual ha sido cortada por
la navaja de la técnica la cual se piensa como la única forma de proceder, es
decir un privilegio de lo que se piensa en pos de un “progreso”. Y es que, el
avance hacia lo mejor, ya es tan desfachatado porque el malestar actual
demuestra que tal progreso ha sido imposible. “No es sin embargo seguro que un
avance tecnológico haya de producir un avance social, una mejora en las
relaciones entre las personas o en la condición humana.” Por esto mismo cabe
replantear el proyecto de la modernidad, ¿es posible de recuperar el proyecto
de la modernidad? ¿cómo sería esto posible?
En un primer momento puedo
pensar la recuperación de las instituciones como parte del proyecto de la
modernidad, pero en un sentido. Son las instituciones las que han sido fundadas
en pos de servir a la sociedad –en una íntima relación con ella– como un medio para
transformar las condiciones de vida actuales, es decir que son un medio para
formular un cambio. Pero estas instituciones no pueden quedarse en un
localismo, pues la economía global y la política actual las devorarían, se
trata de formular la posibilidad de instituciones globales de naturaleza
distinta a las existentes. Pero ello implicaría una relación de lo general a lo
individual, pues tampoco podríamos descartar la particularidad de ciertos
problemas, es decir en una medida se necesitarían de instituciones a nivel
global pero en otra instituciones de carácter propio a las necesidades latentes
de ciertos grupos sociales.
El problema es cómo
pasar de lo general a lo particular y a su vez de lo particular a lo general.
Pues, el problema que hallamos en la cultura de la resistencia es sobre cómo
evidenciar la ideología que permea en los muchos para insertar las
problemáticas de las que tratan los grupos minoritarios pero latentes, es
decir, es bien sabido que para formular un cambio se necesita de un gran cúmulo
de gente y ahí reside el problema, ya que de lo que se trata es de evocar en
las clases trabajadoras, que son las más, un discurso sobre la reformulación de
la actualidad. Pero nos volvemos a encontrar con la pregunta inicial: ¿qué
hacer? Y ante ello, ¿será la gran mayoría la que se pondrá a pensar en su
presente? Las jornadas largas de trabajo, las exigencias laborales, el
mantenimiento de la vida material impiden pensar, es la imperiosa necesidad de
tiempo lo que permitiría pensar. En este caso, se trata no sólo de permanecer
en resistencia sino romper con la escisión de los pocos y los muchos.
Definitivamente me
hallo ante varias aporías con estos pensamientos pero es valioso formular tanto
un replanteamiento de la modernidad, si es que este proyecto merece ser reformulado
o ha sido incompleto, y a su vez cómo evitar que los grupos minoritarios
cierren sus puertas ante el gran cúmulo de gente que si bien poco quieren
escuchar son también parte del problema.
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