Del movimiento de resistencia
En Tiempo de resistencia, Juán-Ramón
Capella procede a hacer una indagación en el movimiento de resistencia a la
barbarie que determina al mundo presente. La resistencia frente al tiempo de
barbarie, en tanto conciencia de la posibilidad inminente de una catástrofe
civilizatoria, se presenta formalmente como actividad movimental, que en
concreto se fija en particularidades propias del mundo de barbarie, como el
desastre ecológico, el sexismo, los conflictos bélicos y demás. De tal manera
que este movimiento de resistencia se consagra como movimiento orgánico con las
sociedades moderno-capitalistas.
Pero no podría
situarse este movimiento de tal modo si no asistiese en él la razón: la razón
histórica. Sin posesión de tal facultad no podrías enarbolar una crítica de las
condiciones presentes, esto es, en un lenguaje adorniano, la imposibilidad de
constituir una negación determinada de lo presente, de lo que hay. Dice el
autor: “El rasgo determinante del
movimiento alternativo es que le asiste la razón. Él mismo es un bien precioso
de la humanidad”. Es decir, la razón es la condición sine qua non de la apuesta de la voluntad por la resistencia.
De tal manera
que esa apuesta debe concentrarse en la alteridad, en los problemas de fondo
del presente, conformar un saber en torno a ellos y abocarse a la imaginación
creadora para darles efectiva solución. Así mismo, el movimiento alternativo de
resistencia debe alejarse de toda intención instrumentalizadora y objetivarse
en “estructuras de relaciones interpersonales” para su sostenimiento y congruencia
crítica. Es por ello que indica la necesidad del movimiento por constituirse en
una ecclesia, en una “gran asamblea de asambleas”, en la que las diferentes
luchas particulares y replegadas se concentren en un mismo proyecto
anti-ideológico que tiene como principal fin, ya se ha dicho, evitar la
catástrofe civilizatoria.
Después el autor
hace una serie de anotaciones que señalan las debilidades y tareas del
movimiento, como la necesaria concientización desde afuera que ha de hacerse,
así como la nula inserción de las clases trabajadoras en el movimiento y el
cuestionamiento de su práctica política. No obstante, habría que emprender un
análisis de lo dicho de acuerdo con las condiciones que ahora nos incumben. ¿En
qué sentido se está diciendo esto? A partir del cuestionamiento radical de lo
proferido por el autor: que el movimiento alternativo de resistencia ha tenido
éxito, en un sentido quizás, pero que algo ha de recuperarse de valor.
Once años
después de la publicación de su obra, con el advenimiento del populismo
nacionalista reaccionario, marcado por un proceder ideológico fascista, que el
autor denomina como contrarrevolución conservadora, ha ganado terreno en la
política mundial: Donald Trump en Estados Unidos, Jair Bolsonaro en Brasil y el
despegue de los partidos políticos de ultraderecha xenófoba en Europa y América
Latina. Pero, en correspondencia con lo señalado por Slavoj Zizek en una
entrevista realizada por el youtuber Owen Jones, el problema no residen en
Trump, sino en Hilary Clinton.
Retornando al
planteamiento del autor tratado, no sólo es fácilmente demostrable que el
movimiento alternativo de resistencia, que podemos enmarcar dentro del espectro
clásico de la izquierda sin ningún problema, no sólo ha perdido terreno, sino
que se ha ganado el despliegue de acusaciones por parte de esa clase
trabajadora que no pudo integrar a sus demandas. Pero la cuestión reside en lo
siguiente: y ¿no fue algo propiamente constitutivo de este movimiento de
resistencia, algo de su “naturaleza”, lo que impide el agregado de esta clase?
El sostenerse en el movimiento de negatividad ¿no ha conseguido el efecto
opuesto de lo descrito por el autor como tarea esencial del movimiento de
resistencia?
No han faltado
las soluciones concretas porque aún no se ha concentrado la razón en los
problemas presentes, sino porque en la lógica de este movimiento no está
presente la realización del universalismo, caracterizado como procedimiento
ideológico. Tanto para Althusser como para Zizek este movimiento posee un necesario
atravesamiento de la ideología. Quizás lo que ha de hacerse es rebatir los
supuestos donde se fundan los planteamiento de esta izquierda radical, radical
en cuanto desprendida de la institucionalidad de la política.
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