La barbarie como proceso inmanente al capital
Manuel Félix Oyarzabal Montealegre
La barbarie como
determinación de las sociedades moderno-capitalistas se diferencia de aquella
perteneciente a antiguas formaciones sociales, ya que es inmanente al
funcionamiento de la producción específicamente capitalista. Deleuze describe
el proceso de desterritorialización y descodificación perteneciente a la
axiomática de la máquina capitalista para la generación de valores de cambio y
su inmediata inserción a la circulación de mercancías para la autovalorización
del dinero, en tanto capital. Esto podemos traducirlo a lo siguiente: el
funcionamiento y estructuración de las sociedades moderno-capitalistas se
sienta sobre la continua desarticulación de las formas sociales y del socavamiento
de sus relaciones.
Con ello nos
introducimos al texto de Capella, Tiempo
de barbarie. Para él mismo está claro
que el sostenimiento del capital, como proceso de autovalorización en palabras
de Marx, ha dado apertura a procesos de barbarización continua. Pero ¿qué se
entiende por barbarie en este caso? “Situación en la que una civilización entra
en regresión y pierde algunos de sus rasgos estructurantes al no poder afrontar
los problemas generados por su propia dinámica y no disponer de instituciones o
lógica sociales adecuadas para ello”, de modo que la barbarización refiere a la
fijación de tales tendencias que producen esta situación, en diferentes
regiones geopolíticas.
Posteriormente,
el autor hace alusión a la ley económica de las sociedades moderno-capitalistas,
la cual ya mencioné, aunque tratada, en otros términos. ¿A qué nos referimos? A
la tendencia general de crecimiento económico, que genera los problemas sociales
que se producen inherentemente a la estructuración y acrecentamiento del
capital. “El imperativo del crecimiento se halla ínsito en la lógica de las
relaciones capitalistas de producción” es lo mismo que decir que estas relaciones
están regidas por un proceso de autovalorización de valores. Mas ¿cómo es que
tal tendencia inherente al capital se expresa en procesos de barbarización sobre
diferentes espacialidades económica y políticamente determinadas?
Vayamos a dos
problemas específicos: el problema energético y el problema de las universidades
públicas. Por un lado, el desabastecimiento del petróleo, como principal
materia prima para el sostenimiento de la producción industrial mundial, Las
guerras del petróleo son indicio de barbarie, como señala el autor, porque
implican una regresión al incidir violentamente sobre los territorios y
poblaciones de los Estados-Nación que tienen en su posesión, aunque sea
potencialmente, yacimientos de combustibles fósiles. La consolidación de un
mercado interno y un sistema político, como todo desarrollo económico traería
consigo, se ve desplazada por la necesidad de extraer los recursos fósiles
suficientes para el sostenimiento de los niveles de producción mundial actuales
y de su crecimiento, justo la tendencia que despertó tal problema. Es decir, el
sostenimiento de las economías de las sociedades desarrolladas sólo es posible
en la subordinación y devastación de las sociedades subdesarrolladas-periféricas.
Por otro lado, la
barbarización de las universidades públicas se da a partir de que la
investigación, la transmisión de conocimientos y la extensión social de estos
se mercantilizan como prestación de servicios, excluyéndose el último aspecto.
El criterio que rige ahora es el de la aplicación
del conocimiento. En consecuencia, los universitarios se convierten en
consumidores de servicios y el profesorado se vuelve un vendedor de servicios
mercantiles, remunerado prioritariamente a destajo. Si no accede a las demandas
de productividad, su posición en la universidad peligra por tener bajo
rendimiento o, en el mejor de los casos, es marginado a un salario ínfimo.
Puede conseguir un mayor salario fijo, pero si sólo si se sujeta a trabajos,
cada vez más exigentes, ajustados a un tanto alzado, esto es, a destajo (coloquios,
congresos, publicaciones, etc.). La libre cátedra tiende así a su desaparición,
al estar sujeta la producción intelectual, de universitarios y profesorado, a
las demandas del mercado. El resultado de esta barbarización: desclasamiento y
marginalización de ambos sectores.
Cuestiones por
tratar son infinitas al comprender que tales procesos de barbarie inciden en
cada aspecto de las relaciones que constituyen a las sociedades
moderno-capitalistas, al estar regidas por un proceso de autovalorización
creciente de la riqueza. Pero ¿realmente podemos acusar, en sintonía con el
autor, de irracionales estos procesos, sea la devastación ecológica, la
mediatización de la cultura o cualquier otro? ¿No acaso al estar regidos, en
última instancia, por el capital son necesariamente racionales? Y si siguiéramos
sosteniendo tal irracionalidad ¿no estaríamos encubriendo el sentido que tienen?
O, en otras palabras, ¿la producción social, y todos los efectos producidos
para su sostenimiento, no están determinados por el deseo mismo de los hombres?
¿El capital no podría ser un cuerpo que inscribe los deseos en su
autovalorización? Y por ello ¿no se estaría buscando, en el fondo, la barbarie?
Capella, J. R. (2007) "Tiempo de barbarie". Entrada en la barbarie. Barcelona: Trotta.
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