la resistencia íntima, comentario, Fernanda Soto


Sobre la breve meditación de la medicina.

La relación que entabla tanto el médico como el profesor radica en que ambos ponen en juego tanto una enseñanza como una ayuda; lo que quiere esta breve meditación es responder ¿qué puede aprender un filósofo del médico? El filósofo es aquél que cuida del alma del alumno, le enseña y guía el camino, así por ello Platón se diferencia de lo sofistas pues su intención no es sólo la de adoctrinar, va más allá en tanto enseña al alma de un saber sobre cómo vivir. La filosofía estaría en función de preguntarse por la vida misma, es el mundo el que mueve ese pensar, y al procurar pensarlo procura una enseñanza sobre la vida, una preocupación sobre ella. El filósofo cuida en tanto procura la cosmicidad del alma. Esta cosmicidad refiere a una armonía, equilibrio, justicia y orden, única en cada uno, sin género. El filósofo procuraría el alma de su alumno en tanto busque que éste se pueda hacer cargo de su propia vida y de asumirla expresamente. Pero de tal manera que otro no puede vivir la vida de uno, el filósofo sólo puede guiar en el camino con la intención de que su estudiante asuma su propia responsabilidad es decir su propia vida.

Se vislumbra la relación con el médico en tanto éste procura al cuerpo, lo procura también en su cosmicidad, su vitalidad y su salud. Es evidente que sin salud del cuerpo no se puede pensar, es una condición sine qua non de una (llamémosle así) elevación del alma. Por ésto mismo se vinculan. El médico tiene la responsabilidad de amparar la debilidad del enfermo para así renovar la fuerza o la enfermedad para recuperar la salud. Por ello mismo se podría decir que el médico ejerce una resistencia frente a la ofensiva de la enfermedad. Y el filósofo resistiría ante una vida, la cual podríamos referir al término Heideggeriano, una vida impropia. Pero más aún, encontramos su relación en una pregunta, es Foucault quien hace mención de ella. La pregunta del médico era: ¿qué tiene usted? La cual se ha transformado en, ¿dónde le duele a usted? La búsqueda por el origen del malestar impera en el médico, pero es en la primera pregunta donde la respuesta queda abierta, no asume que es sólo el cuerpo el que puede enfermar o decaer. En el, qué tiene usted, posibilita al enfermo apalabrar sobre sí aquello que le aqueja, es decir poder entablar un diálogo y así como en la filosofía es también condición el entablar diálogo para esclarecer nociones o ideas, el enfermo requiere de ello para esclarecer su malestar. El diagnóstico ejercido por la vista, el cual se ha convertido en algo técnico que no procura a un enfermo, sino a la enfermedad, en su tendencia a la veracidad, no hace escucha del paciente sino una revisión sistemática de los síntomas.

En un afán por un estado de completo bienestar físico, mental y social, el cual sería imposible, se sucede un afligirse por parte del sujeto pues nunca cumple con tal expectativa. Pero además, impide un camino de pensamiento muy particular, el de la muerte y finitud. La enfermedad recuerda a los hombres su destino mortal, recuerda que el hombre sufrirá a la víspera de la muerte, que existe la gran imposibilidad de morir como Odiseo y con ello de sufrir y ser dolientes. Es en esta experiencia de la enfermedad que se abre la pregunta por la muerte. El miedo a la muerte se eleva no sólo a ser angustia por ella misma, sino que, es el sufrimiento del cuerpo el que trae consigo el miedo a la muerte. ¿Podemos pensar a la muerte sin la experiencia del cuerpo enfermo?

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